Templo de Debod en Madrid

Sábado noche, Madrid, un poco después de medianoche. Mediados del mes de Julio. Tengo calor, tras unos días en los que el tiempo refrescó solo un poco. Silencio en la calle.

Es en esos momentos, cuando las teclas del ordenador me atraen y comienzo, al fin, a escribir. Sueño abandonado desde joven. El día a día te absorbe, lo ha hecho durante muchos años en multitud de tareas y eso que en la sangre llevo grabado el alma de escritor. Hijo de poeta con varios libros publicados. Mi padre siempre supo que quería escribir pero con la música del soneto o la rima.

El horror al folio en blanco siempre me detuvo. Que escribir, que transmitir, que contar para llamar la atención de los demás. A la vez, y desde donde no puedo recordar, hoy presiento que no he parado de escribir: Formularios para captar clientes, textos para las webs de los amigos, correos para captar financiación o enviar presupuestos, textos limitados para twitter, pies de página para las fotos en instagram, anuncios de publicidad para Facebook y eso a diario. Bien, por placer o necesidad consanguínea o a petición de los amigos que te piden los redactes algo elaborado hasta convertirlo en tarea..

Hace calor, mediados del mes de Julio, pero hoy el teclado me atrajo y me puse a escribir mis pensamientos sin obligación ni pudor. Ahora se llaman creadores de contenido web o contenido para blog pero yo siempre supe que escribir ha sido mi sueño y, a la vez relatar mis fantasías, mis pensamientos, mis sensaciones, mis tormentos.

Pero hoy lo ví claro. Crear contenidos me atrae y he de abandonar las distracciones para centrarme en el intento. Mañana pensaremos en SEO o contenidos orientados al fin predeterminado pero eso será luego. Perdonen la reflexión o el simple discurrir del pensamiento pero es sábado noche y la calle sigue en silencio.

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